El Millonario volvió. Con fútbol y buen juego, el Más Grande se despachó con un 3-0 frente al Ferroviario.

Esta tarde en el Monumental, River volvió a parecerse a aquello que anhela tanto. Fútbol ofensivo, directo, vertical y de precisión en velocidad. Presionando, entendiendo los tiempos y aplicando el famoso tiki-taka que tanto deleita a los futboleros. Ante un rival ordenado y que salió a buscarlo, el Más Grande dio cátedra sobre cómo jugar y tuvo muchos puntos altos en el equipo.

Con Pablo Solari en su máximo nivel, el sector derecho del Millo es un martirio para los defensores rivales. El puntano comprende perfectamente cómo desenvolverse y, cuando hace un par de partidos parecía que le faltaba confianza, está demostrando ser un delantero completo. No solamente desborda y desequilibra, sino que goles no le faltan: en los últimos tres partidos, convirtió igual cantidad de veces.

Además, River disfrutó de un Miguel Borja más participativo. El colombiano parece ponerse a punto desde lo físico y, ante todo, es más solidario con el equipo. Comienza a comprender su rol en el plantel y hasta se lo nota mucho más veloz que en otras ocasiones. Un gol de cabeza para ganar confianza y seguir mejorando luego de tantos vaivenes que atravesó para poder llegar a Núñez.

Mientras tanto, hay otros puestos en los que no parece haber una respuesta clara. Ese es el caso del lateral izquierdo, donde si falta Milton Casco, Elías Gómez no logra dar la talla. El exjugador de Argentinos Juniors no demuestra por qué está en el club y sigue desperdiciando importantes chances. En cambio, por el otro lado, Andrés Herrera comienza a ganar confianza y completó un gran partido para convencer al cuerpo técnico de su posible titularidad.

River volvió a jugar de primera, volvió a ser veloz, volvió a tener un volumen de juego y un funcionamiento aceitado. Ante las chicanas que venían dando los rivales, el Millonario dio cátedra de fútbol en su casa y se va a dormir contento. Volvió el fútbol.