Un 26 de junio, pero de 1996, River Plate, el club más grande de Argentina, se consagraba en la Copa Libertadores por segunda vez. Festejamos títulos propios, mientras otros recuerdan logros ajenos. ¡Salud, campeones!

Un 26 de junio del año 1996, River se consagraba campeón de la Copa Libertadores de América por segunda vez en su historia, tras derrotar a América de Cali por 2-0 en el Monumental con ambos goles convertidos por Hernán Crespo. Fue una noche mágica, con el equipo de Ramón en todo su esplendor y con el mejor recibimiento jamás visto en la historia del fútbol.

A continuación, un repaso de la campaña Riverplatense en ese certamen:

El Millonario integró el grupo 5 de la Libertadores con una particularidad: jugó sus primeros tres partidos de seis totales como visitante y luego cerró de local en los restantes, algo que también se daría en los cruces eliminatorios posteriores. River hizo su debut ante San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro, donde igualó 1-1 con gol de Francescoli.

Luego, viajó a Puerto Ordaz y derrotó al conjunto venezolano Minervén por 2-1 con tantos de Amato y Crespo, este último ingresando a falta de 10 minutos para el final del cotejo y comenzando a convertirse en el goleador del equipo en la copa; en el tercer encuentro, nuevamente en Venezuela, el Millonario comenzaría perdiendo pero terminaría apabullando a Caracas 4-1 con goles de Amato, Francescoli y Cedrés por duplicado.

Ya jugando en el Monumental, River empató 0-0 ante San Lorenzo en el cuarto partido del grupo; en el penúltimo match, en otra gran demostración de fútbol lírico, sellaría su clasificación a los octavos de final de la competencia vapuleando 5-1 a Minervén gracias a las conversiones de Amato, San Vicente (en contra), Crespo y Francescoli por partida doble; para finalizar, doblegó a Caracas 2-0 con goles de Crespo y Villalba.

Por los octavos de final, el Más Grande debió medirse ante Sporting Cristal de Perú (futuro finalista de la copa al año siguiente), contra quien padecería su primera derrota: fue 2-1 a favor del local en Lima, que se mantuvo en la doble ventaja desde el primer tiempo hasta casi el final del encuentro cuando Crespo descontó.

River la sacó barata de cara a la vuelta en el Monumental, donde con un Valdanito nuevamente iluminado goleó 5-2 al club limeño y avanzó a los cuartos de final del torneo continental; los tantos fueron de Ortega, Francescoli, Cedrés, y Crespo en dos ocasiones (una de ellas, la recordada chilena de antología).

En los cuartos de final, el Millonario volvió a cruzarse con el San Lorenzo del Bambino Veira y Ruggeri (campeones de todo con La Banda en los ’80), protagonizando nuevamente partidos muy reñidos en una serie para el infarto. River empezó aventajando el mano a mano tras vencer al Cuervo en el Bajo Flores por 2-1, con goles de Crespo y Ortega; el Burrito se iría expulsado tras celebrar su gol.

La revancha en casa se complicaría, otro encuentro cerrado que culminó en empate 1-1 con la figurita repetida de Hernán Crespo convirtiendo; el Cabezón Ruggeri igualaría sobre el final para darle suspenso a la serie, y casi le da la victoria al Ciclón tras un cabezazo que rozó el poste de Burgos.

Hablando del Mono… el arquero sería clave en lo que restase de la competencia. En las semifinales, River viajó a Chile para enfrentar a la U en el mítico estadio Nacional de Santiago y se trajo un valioso empate 2-2 con tantos del Enzo y Sorín; la figura local sería un tal Marcelo Salas, a quien Germán Burgos le atajó un cabezazo infernal sobre el cierre del partido. En la vuelta, el Millonario se impuso 1-0 gracias al zapatazo de Almeyda y avanzó a la final de la competición luego de un largo decenio.

En la final esperaba el América de Cali de Óscar Córdoba, Bermúdez, Asprilla, Alfredo Berti, Antony de Ávila, Zambrano y Gio Hernández, entre otras figuras de Sudamérica por ese entonces. Mismo rival que en 1986, finalista por cuarta vez en la Libertadores. En el estadio Pascual Guerrero, River cayó derrotado 1-0 y con el Jefe Astrada expulsado, en un cotejo donde Burgos fue figura indiscutida y le dio vida al plantel gracias a sus enormes atajadas, entre ellas un penal desviado con una de sus piernas.

Y llegó el gran día. El 26 de junio de 1996, un Monumental a reventar cual caldera inapagable aguardaba sediento de gloria la vuelta olímpica del Más Grande. Luces, papelitos a montones, fuegos de artificio y bombas de estruendo dieron lugar al recibimiento más sublime que se le haya ofrecido a un club de fútbol sobre la faz de la tierra, tan imponente que hizo entrar al rival con el cuerpo temblando. Aquella noche, River formó con Burgos; Díaz, Ayala, Rivarola, Altamirano; Escudero, Almeyda, Cedrés, Ortega; Crespo y Francescoli; luego ingresaron Gómez, Sorín y el hoy técnico más laureado: Marcelo Gallardo. 

El Enzo, una de las figuras del certamen, no tuvo su mejor actuación, pero para su satisfacción tanto el Burrito como Hernán se complementaron en una de las duplas más formidables vistas en una final de Copa Libertadores: el primer gol llegó tempranamente tras un pase perfecto de Ariel que Valdanito transformó en grito.

El dominio riverplatense era abrumador y, luego de una espera que parecía eterna, Ariel Ortega realizó la corrida más espectacular de su vida asfixiando al arquero Córdoba en su grotesca salida del área para recuperar el balón que tomó Marcelo Escudero, quien sacó el centro como con la mano para el cabezazo fulminante y sentencioso de Hernán Crespo, el goleador consagrado. 

Algarabía en las casi 80.000 almas que colmaron el estadio y en el país menos algunos. Ramón Díaz iniciaba de manera soñada su trayectoria con el saco más pesado de todos. La niña bonita volvía a adornar la vitrina más gloriosa, y el Más Grande de la historia se coronaba rey de América otra vez.